DELFINES EN MINDELO

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Este debate contiene 22 respuestas, tiene 14 mensajes y lo actualizó  fermin hace 12 años, 1 mes.

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    fermin
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    DELFINES EN MINDELO

    Viernes uno de abril de 2005, sobre las once de la mañana. Estamos en la playa de Laginha en Mindelo, en la isla de Sao Vicente, Cabo Verde. El viento sopla endemoniadamente y la corriente es fuerte, como de costumbre. Hay muy poca gente, a los mindelenses no les gusta este viento. Algo allá a lo lejos en el mar, que se acerca hacia la costa, llama mi atención. Pero estoy hablando con alguien y no me centro en lo que estoy viendo. Así que al principio pienso que es alguien con un traje de submarinismo. Pasan tres caboverdianos corriendo y uno de ellos se me acerca y con una expresión muy afectada me grita: “tiburao, tiburao”. Y miro de nuevo hacia el mar y veo que no es ningún submarinista, sino unas cuantas aletas saliendo a la superficie. Hay un hombre un poco grueso bañándose tranquilamente. Cuando empiezan a gritarle sale nadando, golpea el agua con los brazos, lo más rápido que puede, presa del pánico. Aunque están muy lejos: no hay peligro. Mi compañero de viaje, Miguel, me dice que no son tiburones, sino delfines, por la forma de nadar, entrando y saliendo del agua en forma de onda. Y así es. Cada vez se ven más aletas, quizá diez o más. Van hacia las rocas. Un grupo de unos quince vamos caminando muy deprisa, mirándonos unos a otros, emocionados. Enseguida empezamos a correr por la playa, siguiendo su trayectoria. Ahora están muy cerca de las rocas. Me subo al paseo marítimo para poder ver mejor. La verdad es que en ese momento no entiendo nada de lo que está pasando. ¡Estoy tan nervioso!. Miguel está abajo en la parte de las rocas. Le pido la cámara y me la lanza, pero el potente viento frena su trayectoria. Cae plana contra una roca y, milagrosamente, no se rompe. Genial, porque hacer fotos de algo así no tendrá precio. Los cada vez más visibles golfines, alrededor de quince, llegan a la orilla y se dan contra las rocas. Contemplo alucinado como los caboverdianos empiezan a coger delfines, abrazándolos. Me descuelgo rápidamente por la pared. Es la primera vez que veo delfines en vivo, ¡y además así de cerca!, pero sigo sin entender lo que pasa. Entro en el agua, cojo un delfín lleno de emoción y, mientras estoy ahí plantado con cara de tonto un nativo me grita: “Bai ao mar, ba a morir”. Aunque sigo sin entender qué pasa al menos ahora sé lo qué tengo que hacer. Cojo al animal con fuerza poniendo el brazo izquierdo en jarra, apretándolo con fuerza contra mi cuerpo. Ando mar adentro. Ofrece menos resistencia de la que pensaba, pero además estoy pleno de empeño y puedo con él. Cada vez somos más dentro del agua. Arriba en el paseo todos los coches paran a un lado para ver lo que está pasando y una multitud cada vez mayor se apiña para contemplar el espectáculo. Ahora advierto que no he tenido tiempo ni de quitarme la camiseta. Forzar al animal a entrar mar adentro es agotador. Lo peor llega cuando lo suelto empentándolo con todas mis fuerzas. Da la vuelta por debajo de mí y vuelve en dirección a las rocas. “¿Por qué?”, pregunto desconcertado, pero nadie me responde. Es exactamente lo mismo que les está sucediendo a mis compañeros de rescate con los demás. En un momento dado, varios delfines llegan hasta las rocas y quedan ligeramente subidos en ellas, coleteando, ofreciendo una postal terriblemente dramática. Es incomprensible, desalentador. Aún así, nos esforzamos en devolverlos a su medio natural. Todo es un caos, gritos, desesperación, no conseguimos organizarnos. Y es una rueda constante, acompañarlos hacia adentro y ellos que dan la vuelta otra vez. Me tomo un descanso de diez segundos, me dedico a observar y me estremezco. Sus hocicos sangran a causa de los golpes que se han dado contra las rocas. Algunos tienen heridas diversas, unas son sólo rascadas, pero las más grandes alcanzan el tamaño de un huevo, como un agujero en carne viva. No estoy seguro de que se las hayan hecho aquí, quizá ya vienen de pasar otra desgracia. Me concentro en uno de ellos. Repito la operación de agarrarlo con el brazo izquierdo mientras lo sujeto de la aleta dorsal con la derecha. Lo acompaño hacia adentro unas cinco o seis veces. Y siempre lo mismo, vuelve a tierra un y otra vez. Me siento desolado y pienso en rendirme. Es muy duro, tengo el corazón a mil y respiro ahogadamente con la boca abierta, pero pienso que vale la pena intentarlo, que no podemos rendirnos, hasta el último suspiro, a repetir la consabida operación. Veo a Miguel en el agua haciendo fotos, emocionado, riendo lleno de alucinación. Me acerco a él y le explico que hay que ayudarlos a vivir. Entonces comprende, agarra la digital entre los dientes y se suma al equipo de salvamento, al tiempo que me tranquiliza, diciéndome que lo vamos a conseguir. Justo lo que necesito, puesto que estoy muy alterado y con los ánimos hechos polvo, pero ahora me digo a mí mismo fervientemente que lo vamos a lograr. Veo a algunos acariciar a su delfín en el lomo al tiempo que lo empujan suavemente y parece que eso los tranquiliza. Los imito y compruebo gratamente sorprendido que funciona. Con todos menos con uno, que está especialmente agitado, lo que le dota de una fuerza muy superior a la de los demás. Apenas puedo con él, pero no cejo en mi empeño. De ninguna manera. Se ha creado un vínculo demasiado fuerte entre los animales y nosotros. Mi antebrazo izquierdo está desollado de la fricción contra su piel. Quema, pues es como si fuera sintética, de una goma muy tensada o algo parecido; aunque al mismo tiempo es muy suave. Algunos nativos posan felices y sonrientes ante las cámaras fotográficas, tal es su costumbre. Pero inmediatamente después vuelven a la tarea de salvamento. Hay un caboverdiano especialmente implicado que grita dando órdenes. Es un pescador. Más tarde nos contará que él vio morir un grupo de catorce delfines en una playa en la isla de Santa Luzia: llegaron demasiado tarde. Por un momento hemos conseguido mantener a un grupo de unos ocho a una buena distancia de las rocas. Al bucear para atrapar alguno entre mis brazos puedo oír claramente sus chasquidos y silbidos. Se están comunicando entre ellos. Está claro que si lo logran han de ser todos. Se oyen gritos de “todos juntos”. No van a abandonar y nosotros tampoco. Cambiamos de táctica, desesperados golpeamos el agua tratando de que se alejen y después nos damos todos las manos formando una extensa cadena humana, procurando que no se aproximen más a su muerte. Pero algunos consiguen pasarnos entre las piernas y todo se torna caótico de nuevo. No sé exactamente cuanto tiempo pasa, quizá una hora repitiendo la misma tarea y al fin vamos consiguiendo nuestro objetivo. Ahora están todos juntos a unos veinte metros de las fatídicas rocas, nadan errantes, sin acabar de dirigirse hacia su salvación. Ahora sí creo que ya no puedo más. Un nutrido grupo de caboverdianos nada a su lado, tratando de guiarlos, cuando aparece al rescate un pequeño pesquero y minutos más tarde un yate que pueden asegurar el triunfo. Miro mar adentro, totalmente extenuado, con las venas cargadas de adrenalina y los ojos inundados de lágrimas. Ha sido una de las experiencias más fantásticas y emotivas que hubiéramos podido soñar vivir. Aunque la felicidad sólo sea momentánea. Más tarde preguntando nos enteraremos de que según algunas investigaciones, se cree que ciertos residuos atómicos que hay en el océano pueden estar interfiriendo en el sistema de ecolocación de algunos delfines y ballenas. Y quizá es por eso que estaban desorientados. Alguien comenta que si no han muerto aquí morirán en otro lugar, donde nadie podrá salvarlos.

    fermin
    Miembro

    Fermín, qué vivencia. Parece de ciencia ficción. Además te felicito porque lo cuentas de tal manera que haces vibrar a cualquier lector. Me has dejado en ascuas. Te ruego que continúes con esta historia y lo que te digan por allá los pescadores y personas que han vivido tales experiencias, porque es algo increíble…….. como que me has puesto carne de gallina….. bueno, sigue, y gracias.
    Por cierto las fotos no se ven. Te importa mandármelas a mi correo. Gracias.

    veronica
    Miembro

    Hola Fermin ! me imagino que fuerte pudo haber sido todo esto que contás , me gustaría saber más de los residuos que hay en el mar .
    y si es posible , que me envies las fotos a mi correo.
    Espero que de apoco , te vayas recuperando de esta experiencia tan intensa y puedas empezar a armar el rompecabezas y a procesar todo lo ocurrido, ya en tu interior .
    Por lo demás espero verte en Santo Antao .
    Un abrazo !

    veronica

    daniel
    Miembro

    Hola Fermin,

    me has dejado con las lagrimas en los ojos, no digo mas.
    Por favor envíame las fotos a mi correo y las publicaré aqui en el foro para que todos las puedan ver.
    Si aun vienes por Santo Antao en los próximos días, por favor no dudes en llamarme y nos podemos conocer en persona.

    Un fuerte abrazo,
    Daniel


    Director
    Cabo Verde 24 – Serviços, Informática e Internet Lda.
    CP. 4, Paúl, Santo Antão
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    ¡Bravo, Fermín! Bellísimo relato, por el fondo, por la forma e incluso por su final, tan trágico.

    kaixo
    Miembro

    Hola Fermin, gracias por tu relato; he leido q los delfines se comunican entre si a una determinada frecuencia X Hz, q muchas veces es ocupada por submarinos atomicos o no, buques militares, pesqueros, etc, algunos ecologistas llevan años luchando para q esto no ocurra y cambien de frecuencia, porque esto desorienta gravemente a estos animales, hasta el punto de volverlos lokos; si por favor alguien q sepa algo mas de los delfines nos sabe contar mas cosas q nos de datos para resolver este misterio, maravilloso mundo el submarino; en nuestro viaje en barco de Mindelo a Porto Novo, tambien vimos ballenas, es todo un espectaculo cruzar ese precioso mar, AUPA KABU y sus delfines, jejeje, chau…..

    kaixo

    fermin
    Miembro

    Hola Verónica! Te había mandado el correo ya, puesto que te tengo en mi libreta de direcciones. Me ha sido devuelto. Te lo voy a enviar de nuevo. Mira si tienes suficiente espacio. Ocupa 2,5 MB. Tchau!

    fermin
    Miembro

    Se me había olvidado preguntar si alguien tiene o puede conseguir el reportaje que hizo la Televisión de Cabo Verde sobre lo de los delfines. Una caverdiana me dijo por la tarde que me había visto por la tele. Gracias anticipadas.

    daniel
    Miembro

    Hola,

    gracias Fermín por mandar las fotos, he seleccionado algunas para compartir aqui en el foro. El resto y todas las que quieras las podrás compartir en breve en el nuevo portal de fotos de Cabo Verde que estoy acabando de realizar como ya pudiste ver en otro tema.

    Un abarazo y hasta pronto en Paul !
    Daniel


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    Qué pasada. Me he quedado sin palabras. Enhorabuena por la azaña de verdad. Ahora sería buena poder hacer algo más a largo plazo, no? Saber que residuos son esos de los que hablas para intentar que esa situación no se repita para los pobres delfines, Jo, de verdad que me han dado una pena…

    iolanda
    Miembro

    Hola Fermin!
    Verdaderamente me gustaria felicitarte a ti y a todos los que hicieron posible la salvación (aunque sea por esta vez) de este grupo de delfines. Supongo que has vivido una experiencia incomparable e inolvidable. Ojala no se tuvieran que suceder de nuevo situaciones como está, pero si ha de ser así, que siempre hayan personas como tu cerca.
    Has conseguido emocionarme mientras leia tu relato. Tengo una debilidad especial con los Delfines.
    Un abrazo muy fuerte.
    Iolanda

    mariangela
    Miembro

    Muchas gracias por haber compartido tu experienca con nosotros!

    neri
    Miembro

    Me ha encantado tu experiencia. Tu experiencia es envidiable.Yo también vi delfines en el trayecto de sao vicente a santo antao. Mas tarde, en la playa de la aldea de mi madre, y bañándome, vi a una tortuga a pocos metros de mi. ¡Qué susto me di al principio!

    Neri ADS

    lara
    Miembro

    Hola Fermin,tud dret?
    Bienvenido al foro ,
    yo tambien quiero agradecerte, el compartir esa vivencia ,tan fuerte y de tener ese valor tan grande para poder contarlo …..
    además de que los delfines seguro, te lo agradecerán
    eternamente…. ,besos.

    tavares
    Miembro

    He comentado con un amigo que es oceanógrafo el tema de los delfines y me dice que este tipo de SUICIDIO PERSONAL O COLECTIVO, suele ser, desgraciadamente, cada vez más frecuente, tanto para los delfines como para las ballenas (varamientos). Me dejó frío. Me comenta que suelen moverse y guiarse a través de los campos magnéticos que hay en el fondo de los mares, porque son más seguros que los que están en la superficie o a distintas alturas. Parece ser que cuando esos campos se alteran, por el ruido de barcos, máquinas, explosiones o sus ondas, basuras tóxicas, basuras y restos atómicos, etc. esos campos magnéticos se alteran y estos animales se vuelven como locos, llegándoles a estallar su masa encefálica de la misma tensión que se les genera. Cuando van en manadas, todos los que las componen, a través de sus sistemas de comunicación, obedecen las instrucciones que reciben de quienes los dirigen que se llaman DELFINES-PILOTO.
    Se dice también que esos SUICIDIOS personales o colectivos son una manera de protestar y de manifestar su desacuerdo, por esos ataques que reciben; que es una forma de avisar, también, de posibles graves sucesos y que éllos detectan por tener grados de sensibilidad altísimos.
    Me indica que los que vemos en los delfinarios están sometidos también a mucho estrés y que los cambian con frecuencia porque su vida es muy corta y que también se suicidan golpeándose contra las paredes o por coger enfermedades debido a la falta de limpieza de las aguas, de excesos de productos (cloro) o simplemente porque los PH’s no son los adecuados. Es otra forma de esclavitud moderna; te saco de tu hábitat y a cambio de juegos y piruetas, te alimento. Igual que se hizo con las personas (y se hace ahora también).
    Yo solo puedo decir que después de escuchar esto me he quedado muy pensativo y preocupado, pues según parece tampoco es fácil la vida para los cetáceos y nuestros amigos los descendientes de Flipper. Voy a recabar más información.
    Y después de ver las fotos (gracias Daniel), entiendo las lágrimas y el desespero de Fermín, y de las personas que estaban con él, al verse impotente en esa salvación de vidas.
    Si es cierta la imagen esotérica de que cuando cae una hoja de un árbol, el cielo y la tierra se conmueven ……. qué habrá pasado al ocurrir y contemplar esta hecatombe???
    Saludos afectuosos para todos.

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