Cape Verde Islands

Wednesday 16.10.2019

 
 
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 Asunto: Las vacacines de David Trueva en Cabo Verde
NotaPublicado: Vie Nov 23, 2007 7:51 pm 
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CABO VERDE:AL RITMO DE LA MORNA



DAVID TRUEBA


Dice una canción popular que esta antigua colonia portuguesa no pasa de ser "deus grazinhos de terra", diez granos de tierra, abandonados a 500 kilómetros de las costas de Senegal, con un único patrimonio: la hospitalidad. Uno espera que detrás de un nombre tan sugerente como el de
las islas de Cabo Verde se escondan grandes extensiones de praderas verdes, pero al aterrizar en la isla de Sal compruebo, una vez más, la asombrosa tendencia a la lírica de los portugueses. En esta primera isla extraordinariamente plana es donde se asienta su poco frecuentado aeropuerto internacional. A estas islas por entonces deshabitadas llegaron los portugueses en 1460 para asentar su tráfico negrero. Después de 500 años, la mezcla de esclavos y colonos ofrece una población mestiza, repleta de gentes de ojos verdes y niñas de rizadísimos tirabuzones rubios que hablan un dialecto llamado crioulo.

En Cabo Verde, en enero, sopla un viento aliso constante bajo el sol del verano(25 grados durante todo el año). El verano es la temporada de lluvias, pero tras la tala de árboles y la consecuente desertización, en alguna de las islas no ha caído una gota de lluvia desde hace 13 años. Sal, pese a su playa de kilómetros de arena blanca en Santa María, me resulta exclusivamente un paraíso para windsurfistas italianos y alemanes. El viento te quita las ganas de bañarte; eso sí, quedan profesionales de ese deporte llamado broncearse.

Cuando un alto funcionario local trata de responder a la pregunta ¿qué puede encontrar el turista en Cabo Verde?, después de apropiarse de un eslogan que me suena a conocido: «Cabo Verde is different», confiesa que su único patrimonio es la morabeza. Magnífica palabra que define el carácter abierto y hospitalario de sus habitantes. Lo son, desde luego. Carece de peligros andar por una calle
solitaria, los taxistas no engañan y aunque los niños se acercan a pedirte, no lo hacen ni con insistencia ni en grupos numerosos.

Por la mañana me trago una misa de misioneros donde los negros adoran y cantan a santos blancos, mientras los niños entran y salen, correteando y jugando a voces. Dejo atrás la isla de Sal, antigua explotación salina que los ingleses abandonaron no sin antes inyectar su afición al criquet en brown course (sobre tierra). Tomo un avión con destino a Mindelo, en la Isla de San Vicente. Allí el panorama cambia. La vida portuaria ha traído los vicios y virtudes acostumbrados. Es la ciudad donde se llega a percibir un submundo cultural. Hay pintores, algún grupo de teatro y un cine de mil personas, Edén Parque, donde ríen a carcajadas las gracias subtituladas de Eddie Murphy. En la plaza Amílcar Cabral, bautizada en honor del líder independentista asesinado, puede uno sentarse a ver pasar las horas, a observar cómo se encanalla la concurrencia a medida que avanza la noche y se posa agradable sobre los edificios coloniales en decrepitud. A las siete de la tarde desaparece la gente, sospecho que para dormir una larga siesta, pues a la una comienzan a llenarse los locales y
reciben al amanecer con total naturalidad.

El reino de la música
Los niños juegan al fútbol a pecho descubierto. Las
camisetas de equipos europeos y las zapatillas de marca son su ropa de domingo. Construyen tambores con latas y sacos y hay música por todas partes. Mindelo es la isla donde vive la gran embajadora de Cabo Verde, la que ha llevado su
música triste y cadenciosa morna o la algo más alegre y divertida coladeira a todos los rincones del mundo: Cesaria Evora. Poco menos que llamamos al timbre una tarde y nos metió a 10 españoles en su casa, nos invitó a un ponche
tumbagigantes y se lo metió para el cuerpo mientras contestaba a nuestra curiosidad con inteligencia y discreción.

Por la noche, otra gloria local, enorme en todos los sentidos, llamada Titina, nos regala una aproximación a la belleza monotemática y monorítmica de la morna (del inglés 'to mourn', expresar pena, dolor, duelo). El repertorio está compuesto por variaciones sobre el tema de la sodade: añoranza de las islas, dolor por tener que abandonarlas, placer por volverlas a ver. Algo definitorio de la raza portuguesa, su alegría triste, más en estas islas donde los emigrados a otros países (Holanda, Portugal, Estados Unidos) superan en número a los que sobreviven allí (no llegan a 500.000), y el dinero que envían representa la mayor fuente de ingresos. Fuera de Mindelo, la isla de San Vicente regala algunas playas curiosas, de nuevo golpeadas por el viento y la aridez acostumbrada. Me hablan de la isla de San Antón como un reducto verde, de Fogo de origen volcánica y famosa por su delicioso café, de Santa Luzia reserva natural deshabitada, pero ponemos rumbo a la Isla de Santiago, donde se
encuentra la capital en la ciudad de Praia. Es de nuevo una ciudad a la europea. La ausencia de artesanía local de interés está suplida por los insistentes vendedores que traen piezas de Senegal y Guinea Bissau. El precio
inicial de la puja puede rondar las 70.000 pesetas, pero no es raro terminar llevándotela por 700.

En la isla de Santiago descubrimos los lugares más interesantes del país. Al lado norte, la playa de Tarrafal, donde se dan la mano los pescadores, los desocupados y los niños que se bañan a placer. Las montañas y valles que
atraviesan la isla te descubren los primeros oasis con huertas y plantaciones de mango, papaya y caña de azúcar, elemento indispensable en la elaboración de su grogue, aguardiente entusiasmante que las mujeres mezclan con miel y limón para conseguir, digo yo, el temple vocal de Cesaria Evora. En lo alto de la Serra Malagueta viven los rebelados que renuncian a todo contacto con la civilización. Su integrismo les lleva a considerar el nacimiento de Cristo en un pajar un símbolo que les impide construir sus propias casas con cualquier material diferente. Tienen, eso sí, la clarividencia de haber rechazado el discurso de la Iglesia Católica y recibir a los turistas que se acercan a curiosear con pedradas. En los pueblos es donde la mezcla de pequeña población africana y aldea rural portuguesa puede producir cierta confusión, superada por la morabeza local. A los bebés se les enseña a bailar antes que a andar.

Esperando de nuevo a marchar con la puntualidad de las líneas aéreas caboverdianas, en el hall del aeropuerto de Sal observo que todo el mundo está llorando. Gigantes de dos metros se consuelan entre ellos y tratan de esconder el dolor que les produce abandonar su tierra, estos deus grazinhos de terra abandonados en el océano. Los imagino convertidos en extranjeros solitarios que cuentan los días que faltan para regresar. Y es que la gente resulta siempre el mejor paisaje del mundo.

No olvide
1.- Visitar los mercados de Mindelo, Praia y Assomada y los locales musicales nocturnos, a altas horas de la madrugada.

2.- Probar las dulzonas caipirinhas que prepara laencantadora Anne en el bar Funaná de la playa de Santa María, en la isla de Sal.

3.- Comprar café de la isla de Fogo y tostarlo en casa mezclado con granos de café brasileño. Los resultados son asombrosos.

4.- Probar la langosta a la brasa típica del país, que los nativos tienen prácticamente prohibida y sólo se ofrece al turista.

5.- Visitar en Cidade Velha el primer asentamiento de población de la isla de Santiago y su sistema de obtener aguardiente de la caña de azúcar.

6.- Visitar el campo de concentración de Tarrafal y recordar las 'bondades' de Salazar para con los independentistas.

7.- Probar la cachupa (frijoles, carne de cerdo, maíz y legumbres), y la cachupinha, platos tradicionales y estupendos.

8.- Visitar el cine Edén Parque, en la Plaza Amílcar Cabral de Mindelo, en su sesión diaria, que cumple sin fallar desde los años 40.

9.- Tomarse una cerveza en cualquier bar de cualquier pueblo de la costa oriental de Santiago, como Pedra Badejo o Achada Fazenda.

10.- No olvide hablar con la gente de Cabo Verde, son amables y divertidos. Eso sí, si decide bailar, aténgase a las consecuencias.

LLEGAR
En avión, en los vuelos directos desde Madrid y Las Palmas de las Líneas Aéreas de Cabo Verde, cuya línea regular comenzará a operar el 31 de marzo, y los vuelos chárter, el 15 de junio. Unijoven (91 559 95 08) prepara varios circuitos, que comenzarán el último día de este mes. Los precios van desde las 79.900 pesetas del viaje de una semana en la isla de Sal, a las 99.100 de la denominada Senda Criolla, con estancias en Sal y Santiago.

CUANDO IR
En invierno, una temperatura perfecta, lástima el viento. En verano se mantiene el clima templado.

DORMIR
Hay un par de hoteles de lujo en Santa María (Sal), lo mismo que en Tarrafal (Santiago), que son las dos playas más recomendables para el turista convencional. En Mindelo y Praia uno puede encontrar hoteles con más facilidad,
aunque no hay demasiada oferta de habitaciones. El precio oscila entre las 3.000 y 7.000 pesetas por una habitación simple, y 10.000 de una doble.

COMER
Uno puede comer con tranquilidad por 1.000 pesetas. Una cerveza puede costar 200 en el lugar más caro. La influencia portuguesa y su comercio constante les lleva a ofrecer abundante y correcta carta en los restaurantes.

EXCURSIONES
Trekking y ciclismo en la isla de Santiago, windsurf en Sal. También se ofrece la posibilidad de buceo en temporada alta, pero únicamente en la isla de Sal.

INFORMACION
Se necesita visado para entrar, pero no es precisa la vacunación. La población te entiende perfectamente aunque hables esa parodia de portugués que chapurreamos los españoles. La moneda, es el escudo caboverdiano. El cambio se mueve en torno a un escudo y medio por peseta. Se puede cambiar en los lugares habituales: hoteles, aeropuerto y bancos de Praia y Mindelo.

LA NOCHE
Su más del 50% de tasa de paro ha convertido la noche en el territorio natural del país. Es imprescindible empaparse de su música tradicional: morna, coladeira, mazurca, batuco o la más juvenil funaná

will


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