Cape Verde Islands

Thursday 22.08.2019

 
 
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 Asunto: Una Rotcha Scribida en tierra de dragos(s nicolau)
NotaPublicado: Sab Sep 02, 2006 2:23 pm 
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Registrado: Jue Mar 23, 2006 6:59 pm
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La pensión Mara Guimara estaba enfrente de la gasolinera de Ribeira Brava, por la noche nos habían despertado los gritos de una señora que, tras haber bebido mas groge de la cuenta, se había ido a la puerta de su casa a discutir con su marido a cuenta de las visitas de este a otra señora; con lo que la noche se había presentado animada hasta que varias vecinas salieron a buscar a la susodicha y se la llevaron a tomar una tacita de caldo para sentar las madres.

Ribeira Brava, la capital de Sao Nicolau era una pequeña población de calles estrechas por las que apenas cabía el todo terreno, cuyo centro era la plaza de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, donde además se encontraba el mercado, la antigua escuela y el busto del doctor Díaz, un señor que fue a estudiar medicina a Europa y acabó volviendo al pueblo a ayudar a su gente.

Paramos allí para hacer unas compras antes de salir, fuimos al mercado y compramos unos deliciosos mangos, una papaya y un manojo de hojas de tabaco secas, en la mercaira de enfrente compramos algo de agua, galletas y unos paquetes de cigarros (para desengrasar después del mareo que te dejaba fumarte un cigarro de aquel tabaco natural).

Todavía estábamos repitiendo los huevos revueltos que, tan amable como siempre, nos había preparado la señora del restaurante Bela Sombra y no nos había dejado marchar sin probar alguno de los numerosos dulces caseros que tenia preparados ese día (la señora había recibido varios premios por aquellos magníficos dulces).

Con todo preparado salimos del pueblo en dirección a Carvoeiros con la preciosa imagen de la playa de Prainha a nuestra derecha y las laderas cubiertas de aloes a nuestra izquierda. Carvoerios es un bello pueblito agrícola en la cara norte de la isla que aparece al girar en una curva como un bello espectáculo de plantaciones caña y papayos en una llanura que bajo las laderas de las montañas que acaba abruptamente en unos paredones que caen a un mar, por lo general, embravecido.

En la radio del coche íbamos oyendo Radio Taoro (la emisora de música antigua, boleros y eso, de Tenerife) que se escuchaba perfectamente aumentando si cabe la sensación de esta por cualquiera de las islas canarias.

Como el trayecto de aquel día era largo no paramos en Carvoerios, con lo que pronto lo dejamos atrás el pueblo para seguir hacia Estância Brás, antes de llegar la carretera se bifurcaba hacia la izquierda para internarse en el fértil valle Ribeira Garcoto, allí las innumerables plantaciones de caña y frutales lo inundaban todo, la flora crecía exuberante a los bordes de la carretera a pesar de estar en pleno agosto y el poblamiento disperso se desparramaba siguiendo la carretera que subía hasta Cachaço.

A altura de Faja de Baixo, recogimos a una señora mayor con la cara surcada por profundas arrugas que nos pidió que la subiésemos hasta Lombo da Graça unos 2 Km. más arriba, la recogimos gustosos y por el camino nos fue contando las aventuras de su hijo como minero en León, es curioso pero en Sao Nicolau hay muchos que han emigrado a trabajar en las minas de León y que o se han quedado allí o ahora que la mayoría esta prejubilado como consecuencia de la reconversión industrial han regresado a su isla.



Antonia (así se llamaba la señora) tenia dos nietos en León, que hacia años que no veía y nos costó mucho hacerle entender que el hecho de que fuésemos españoles no quería decir que pudiésemos ir a darle recuerdos a nuestra vuelta, ya que Canarias esta más lejos de León que de Cabo Verde. En fin, cuando llegamos a su destino Antonia se despidió de nosotros con grandes besos y abrazos y nosotros seguimos nuestra ascensión por el valle, cada vez con más frecuencia podíamos ver los hermosos dragos que jalonaban la subida y a medida que llegábamos a Cachaço empezamos a distinguir pequeños dragonales (bosquetes de dragos) en las laderas que nos llenaron de un gran sentimiento de comunidad con aquellas islas tan parecidas a las nuestras.

Al llegar a Chachaço giramos a la izquierda para subir por el camino que llevaba a Monte Gordo que se internaba en la ladera bordeado por muros de piedras cubiertas de líquenes donde los lagartos y los cernícalos (pequeñas aves rapaces muy comunes en la macaronesia) jugaban su eterno juego del gato y el ratón.

En la primera subida de aquel estrecho camino de tierra pudimos comprobar que aquel enorme todo terreno, no sólo no tenia marchas reforzadas, sino que tampoco tenía tracción a las cuatro ruedas: el coche quedó encallado a la entrada de una casa donde el loco del pueblo nos gritaba cosas ininteligibles, estuvimos largo rato hasta que con la ayuda de otro coche logramos salir y dar marcha atrás. En una casa de la carretera había un toyota con buena pinta y nos acercamos a preguntar si nos subirían hasta Monte Gordo; después de negociar un rato con el padre de la familia convinimos que por 1000 escudos el hijo nos llevaría en el toyota hasta la cima, así que dejamos nuestro coche en la casa y nos fuimos con el toyota monte arriba. La vegetación era exuberante, pronto estábamos en medio de un frondoso bosque de distintos tipos de árboles, todos foráneos y replantados no sabíamos cuando, en una curva se apareció ante nosotros un enorme tabaibar y al llegar a la cima comprobamos asombrados como en el interior del cráter había una gran plantación de yuca y café.

Dejamos el coche en el final de la pista y comenzamos a caminar por un estrecho sendero entre árboles, la humedad hacia la marcha mucho más agradable, por lo que no nos cansó demasiado llegar hasta una asomada donde maravillados contemplamos el espectáculo que se abría bajo nuestros pies: se podía ver toda la zona oeste de la isla y mas allá tras el azul añil del mar los islotes de Razo Branco y Santa Luzia, en el fondo distorsionado por la calima se distinguía Sao Vicente, un paisaje arrebatador... tras tomarnos unas galletas y fumarnos uno de aquellos cigarros de tabaco de hoja comenzamos el camino de regreso hasta el toyota, descendimos del monte y, ya con nuestro coche, nos acercamos a la ermita de la Señora do Monte donde disfrutamos de la vista del valle de agua das patas, al final del valle se veían las casa de Ribeira Brava...

Cogimos nuestro coche de nuevo y comenzamos el descenso por vertiente sur este de la isla hacia Tarrafal, la carretera estaba en buen estado y era más o menos recta con lo que no nos costó mucho tiempo llegar al pueblo, al llegar en la calle reinaba un ambiente festivo ya que en ese día se celebraba el nacimiento del municipio de Tarrafal, en la plaza había un grupo de tambores que hacia un ruido atronador, los músicos ataviados con pantalones negros camisas blancas y gorros de marinero a juego hacían sonar los grandes tambores a la espera de los discursos que pronto comenzarían, nos ubicamos en un lugar con buenas vistas. Jesús se acercó a comprar unas cuantas cervezas y nos dispusimos a disfrutar del espectáculo, pronto subió al escenario montado para la ocasión, el que parecía ser el maestro de ceremonias que se explayó con un largo discurso aderezado del tan usual, “caro Presidente da la Republica, caro Presidente da Cámara Municipal, caro tal y cual, caros amigos y ciudadanos...”; aquello parecía no tener fin, así que decidimos que a la noche volveríamos al pueblo a disfrutar de la fiesta y que por ahora seguiríamos nuestro camino ha ver la Rotcha Scribida en Ribeira da Prata, cuando íbamos hacia el coche, nos entretuvimos un rato con un grupo de jóvenes en un bar jugando varias partidas al futbolín.

Tras este momento de asueto volvimos a montarnos en el coche y continuamos la carretera en dirección nordeste con destino a Praia Branca, la carretera discurría durante largo rato paralela a la costa dejando ver magnificas calas de arena negra, en la radio íbamos escuchando los discursos que se iban produciendo en el escenario de Tarrafal... al llegar a Barril, un pequeño caserío marinero junto a un antiguo faro, la carretera cambiaba de dirección hacia el norte bordeando el macizo de montañas para luego internándose algo en el interior para llegar a Praia Branca, que es un caserío de interior con casas blancas y tejas rojas realmente bonito, no nos internamos en el pueblo por que se empezaba a hacer tarde y teníamos intención de llegar a Ribeira da Prata antes de que anocheciera para ver aquella famosa “rotcha scribida” de la que nos habían hablado.

La carretera volvía ahora a tomar dirección norte hacia la costa de nuevo en un tramo en peor estado, pronto alcanzamos a ver de nuevo el mar y el pequeño campo de fútbol de Curral da Vaca, como a dos kilómetros el terreno se hacia mas escarpado y la carretera discurría entre los riscos y el mar, no fue un tramo largo, hasta que al doblar una curva apareció ante nosotros el valle de Ribeira da Prata, en él numerosas huertas daban un fondo verde espectacular al paisaje, paramos allí y pronto trabamos conversación con Manuel, un hombre que había estado muchos años embarcado y que conocía bien el puerto de las palmas de gran canaria y el de santa cruz de Tenerife, él nos enseño el pueblo y nos llevó, cruzando las fincas de caña de azúcar, papayos y cocoteros distribuidas en bancales, hasta la otra ladera del valle donde junto a un goro para cochinos, se encontraba la famosa roca...

Era de grandes dimensiones, del tamaño de una casa de dos pisos quizás, de color marrón oscuro en su mayoría pero con una franja de colores claros en su centro, como a dos metros de altura; allí, en su parte más clara, aparecían varios caracteres indescifrables que parecían oradados en la roca. Preguntamos a Manuel quíen había hecho aquello y cúando, recibiendo por su parte respuestas confusas: que aquello, decía su abuelo que siempre había estado allí, que si habían sido unos piratas en una incursión... pero que vamos, que en realidad no tenia ni idea.

Estuvimos largo rato admirando aquella misteriosa roca y hablando con Manuel, hasta que el anochecer nos animó a volver sobre nuestros pasos, nos despedimos de Manuel y volvimos para Tarrafal donde la fiesta había empezado con bailes y fandango.

Comimos un frango grellado en un comedero cerca de la playa y nos fuimos al baile con el grupo de jóvenes que habíamos conocido jugando al futbolín, estuvimos allí durante un buen rato disfrutando del ambiente y vacilando hasta que, con cierta cargacera, nos encaminamos al coche para volver a Ribeira Brava, el trayecto lo hicimos despacio ya que con la oscuridad, las copas y la bruma la cosa no estaba para bromas y llegamos bien entrada la madrugada a Ribeira Brava, que a esa horas es (salvo señoras borrachas) un pueblito silencioso y tranquilo donde se oyen a los gallos cantando con las primeras luces del alba.

Cuando tocamos las camas de nuestras habitaciones en la Pensao Mara Guimara caímos rendidos, al día siguiente pensábamos ir a carrizal en el extremo esta de la isla y el viaje se preveía movidito por lo que convenía recuperar nuestras fuerzas.


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NotaPublicado: Sab Sep 02, 2006 8:47 pm 
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Registrado: Mié Oct 26, 2005 1:57 am
Mensajes: 651
Ubicación: España
Sigue por favor.
Que sepas que te leemos.
Gracias por tus recuerdos maravillosos.
Son impagables.
Haber si los demás se animan y nos cuentan algo.
Solo una “cosiña”… ¿Tienes fotos de esa señora llena de arrugas?
O te pasa como a mí, que después me doy cuenta de que no he inmortalizado ese momento.
Esos momentos, esos sentimiento tan íntimos…

En una palabra, gracias Claudio, me estas haciendo recordar momentos.
Esos momentos impagables…

Sigue, no pares, sospecho que tienes más…

José Ramón


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NotaPublicado: Dom Sep 03, 2006 11:17 am 
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Registrado: Jue Mar 23, 2006 6:59 pm
Mensajes: 31
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como tu dices jose ramon soy de los que luego digo ¿donde coño dejé mi camara? es una verdadera pena, pero pienso poder ir un dia a cv con la tranquilidad suficiente y una camara como para no parar de guardar esos bellos momentos...

no te preocupes que habrá mas historias y pronto, por cierto las tuyas tambien son muy emotivas y nos hacer volver en cierta manera no pares tampoco

un saludo


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