Cape Verde Islands

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 Asunto: Mis vivencias ( VII )
NotaPublicado: Sab Abr 15, 2006 1:35 am 
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Registrado: Mié Oct 26, 2005 1:57 am
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Mi primer visita a la isla de Santiago.

Praia, la capital de la República Independiente de Cabo Verde.

De entrada percibo algo distinto, no se lo que es… es una sensación, quizás menos calor, no tan agobiante… ¡No!, ya se lo que es, es el olor, ¡el olor es distinto! No se a que huele pero no me es desconocido, parece familiar.

Al pasar por los controles del aeropuerto solo me fijo en una cosa, bueno mejor solo puedo fijarme en unos grillos enormes, negros (con perdón); no hacen cri-cri, hacen CRI-CRI, ¡los muy burros!... ¡que pedazo de grillos!
Ahora lo entiendo, en mi tierra con los grillitos pescamos truchas y peces en el río, aquí con los “burrogrillos” pescan tiburones y atunes, jeje.
¿Los habéis visto?... no exagero… ¿Verdad?

Tomamos un taxi para la ciudad de Praia. La carretera es descendente hacia la capital, empedrada y con muchas curvas que el taxista negocia como si fuéramos de rally. Voy sentado delante, de copiloto… y no me puedo reprimir… cojo un mapa que lleva el tío en la guantera y haciendo que leo…
...a fondo derecha más… segunda izquierda ojo al salto menos… salida… más… tercera “arras”… ¡la cabra! ¡Cuidado con la cabra!... jajaja.
El taxista me mira como diciendo: este blanco está loco, mis compañeros portugueses tampoco entienden mi broma. Me es igual, me gusta y me río jaja, me siento feliz y respiro hondo. Respiro hondo.

Las ventanillas abiertas y respiro hondo, y de repente lo reconozco. Reconozco ese olor. Lo veo, lo mastico, casi lo palpo. Veo la ciudad, grande, apretada, hacinada; veo ese cauce seco de río, lleno de basura, de desechos sin control, lleno de mierda… y lo que es peor, veo gente, veo niños buscando entre la mierda.
¡Plóf!
Se me “jodió” el día.
Mi ánimo se frena en seco al chocar de frente con esta realidad. Sin haber entrado en Praia decido que no me gusta.

Nos deja el taxi en el centro de la City, muy cerca del mercado, y nos dirigimos raudos a un bareto para tomar unas cervezas “frescas”. Les comento mis impresiones a los colegas y me dicen que ¿Qué esperaba? Recapacito y pienso que esta ciudad no es distinta de otras que conozco en mi “casa” y en otros Países.
Todo el mundo quiere buscar su oportunidad en “El Dorado”, abandonando lo poco que tiene junto a su familia, con la sana y legítima idea de prosperar.
Igual que en nuestras grandes ciudades, y al fin y al cavo, Praia es la gran ciudad de Santiago, es la gran ciudad de Cabo Verde. Con lo bueno y lo malo, con la grandeza y la miseria.

Salimos en busca de un todo terreno de alquiler para ir al pueblo de mi amigo Veiga, no diré cual, pero está en el centro-norte de la isla.
Por el camino voy tomando conciencia de que Praia es una capital como otra cualquiera, taxis y “alugueres” a la carrera, vociferando los lugares de destino para llenar el pasaje, autobuses, camiones, polución. Prisas y carreras. La gran avenida empedrada (hoy creo que asfaltada) me recuerda, salvando las distancias, a la “Gran Vía” de Madrid, por ejemplo.
Veo edificios oficiales, Bancos, abogados, médicos, supermercados, farmacias, talleres, peluqueros, tiendas de ropa y zapatos… un guardia discutiendo con el conductor de un Mercedes 300 D, cargado asta los topes…
Lo “normal”, lo cotidiano, lo de andar por casa.

Por fin me doy cuenta del por que ese olor no me es desconocido… no me es desconocido por que lo tengo en casa, y se llama… ¡civilización!
Me asombro de con que facilidad lo había olvidado, y ahora entiendo el por qué al bajar del avión en Sal mi primera “experiencia” fue precisamente esa diferencia.

Me despiertan de mis pensamientos y agarrándome por el brazo me meten en la agencia de alquiler. Sencilla, una mesa, tres sillas, un teléfono y un fax, eso sí tenía aire acondicionado. Solo tiene dos “Patrol”, salimos a verlos y el hombre sale con unas llaves del que está aparcado detrás. Miro las ruedas y están pidiendo a gritos que las cambien. El de delante las tiene casi nuevas. El que alquila es el colega Veiga, pero le hago ver la diferencia de las ruedas. Veiga dice que quiere el otro… regateo… Nos llevamos el más nuevo por el mismo precio.
Me gusta el regateo, y el hombre no pudo con un caboverdiano, un portugués y un español. Jé

Conduce Veiga, nos da una vuelta turística por la ciudad y nos perdemos un montón de veces. Pobre Veiga, ¡Tantos años sin regresar!
Visitamos a unos cuantos amigos suyos. En una palabra, hospitalidad es la palabra.
Una de las visitas es a un “elemento” cincuentón en su casa, adinerado por lo que veo, y por lo que más tarde me cuenta Veiga (fue el que le prestó el dinero para su aventura portuguesa).
Nos recibe en el salón, con su mujer, guapa mujer, y a las 11:30 más o menos de la mañana nos pone unos güisquis de su botella ¡ojo! no de cualquier botella de su mueble bar bien surtido.
¡El primer güisqui que tomo en mi vida antes de comer!
¿Hielo? Si por favor… lo trae una mulata de la cocina en una cubitera de cristal y pienso… una criada. Al rato entra una negrita más joven en el salón y se queda junto a la puerta en posición de guardia y a la espera de órdenes. ¿?. Pienso que es otra criada. Já.
Acabo de tener mi primer contacto con la poligamia, legal o no, pero poligamia. La mujer “oficial”, de su edad más o menos, la otra de la cocina y la más jovencita, la de guardia, unos ¿veinte?
Oliendo y saboreando el güisqui pienso que tiene que ser musulmán, pero no me lo parece, no me parece de Senegal. Más tarde nos cuenta Veiga que es caboverdiano pero que sus negocios “fuertes” son con Senegal, que está emparentado con una familia “fuerte” de Dakar.
¿Unas pastas para pasar el güisqui?... pues eso, la de la puerta sale al pasillo, entra y al rato llega la de la cocina con un platito. ¿?
¡Esto es vida!
Me pregunto ¿Cuántos baños tendrá? Jajaja

Bueno, tenéis que perdonar, que me extienda en estos pequeños detalles sin importancia. Puede que sin importancia aparente para algunos, pero durante esta visita de pleitesía y “vasallaje” yo me acordaba de los parias que había visto en el cauce seco del río, rebuscando en la mierda.
Conclusión y como decimos en Galicia: “Toda a terra e país”.
Paradoja: cuanto más nos acercamos a la civilización más se acentúan las diferencias sociales. ¿?

Nos despedimos del “capo”; toma mi tarjeta, dame la tuya (por lo de que “Toda a terra e país”) y por que mi filosofía es andar por el Mundo dejando las puertas abiertas (jeje) y nos vamos.

Si queremos llegar a comer con la madre de Veiga nos hace falta el tiempo.

Montamos en el Patrol, y tras perdernos otra vez, pillamos la empedrada hacia el norte. Rumbo a lo desconocido.

Continuará…

José Ramón


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