Cape Verde Islands

Wednesday 21.08.2019

 
 
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 Asunto: Mis vivencias ( VI )
NotaPublicado: Mié Abr 05, 2006 11:31 pm 
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Registrado: Mié Oct 26, 2005 1:57 am
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Otro día, un nuevo día en el paraíso.

Me despierto con ganas de “evacuar” un poco o un mucho de tamaña ingesta de cerveza. Regreso hacia la cama pero me desvío a la puerta, por curiosidad, para ver el día, el nuevo día. Lo que veo me gusta, lo que huelo no. Salgo del bungalow y hoy se nota más ese olor, ese olor de aguas recicladas que usan para regar por aspersión de noche, con nocturnidad y alevosía.
Mis compañeros en la cama, durmiendo.

Son las 8:00 de la mañana, el calor aprieta, promete, aplasta; me fumo el primer cigarro mirando, pensando, medito… ¡tengo que dejar de fumar!
Si por una parte el olor del riego nocturno me disgusta… por otra, y mirando lo poco verde que se asoma con timidez, como pidiendo permiso… me alegra. Pienso que este olor no es ni mejor ni peor que el de mi tierra cuando los agricultores están en época de riegos y abonos con el “purín”; son ciclos, la tierra te da por que le das a la tierra.
De todas formas se nota que el jardín es nuevo, los visitantes que vengan en tres o cuatro meses lo verán todo de otro color, ¡Que suerte!

Miro el Mar, la Mar, al otro lado de la playa, y de repente siento que es mi hora, tiro la colilla y tomo el camino de la playa.
Quiero tener mi primer contacto con este Mar, íntimo y personal. Miro a la derecha e izquierda y no hay nadie. Bueno, casi no hay nadie. Una pareja de jubilados a la izquierda que no conozco, tienen pinta de alemanes, blancos, pálidos; y allá al fondo a la derecha se adivina un “bulto” sospechoso de dos personas como durmiendo… ¿mochileros?...

Me acerco a la orilla, está lejos, es marea baja, miro atrás y… sí, lo que estas pensando. Me quito el pantalón corto multibolsillos de seudo explorador africano, color “caqui” y en “cueros”, como traspasando la frontera de lo prohibido me dejo acariciar por primera vez por las aguas de esta Mar tranquila, silenciosa, en la intimidad.

Yo y la Mar… perdón, la Mar y Yo
Unas brazadas lentas, como no queriendo romper la armonía que intuyo bajo mi cuerpo, sin hacer ruido me doy la vuelta hacia la costa, y al salir, chorreo agua, vitalidad, paz y tranquilidad… Descanso cinco minutos, intentando acaparar el máximo de sensaciones y sentimientos. No se por que se me viene a la mente la imagen de un caboverdiano de indeterminada edad que ví cerca del Pontón, quizás ayer, al anochecer, bañándose en la playa, con una pastilla de jabón tipo “lagarto” ¿?, frotándose sus partes íntimas con la arena… como queriendo desalojar a inquilinos indeseados. ¿?.. Y pienso… ¡Golfo! Jeje.

Regreso al “Bunga” y me doy una ducha rápida, mi socio sigue roncando, lo dejo, y me dirijo al asalto del desayuno.
Por Dios, ¡Café!

Me siento al lado de la piscina y espero, poco a poco se va llenando de gente.
La gente despierta.
Hoy no trabaja la niña de lo ojos azules… ¡Que pena!

Los amigos van llegando, poco a poco, descarriados; tengo que poner orden, ¿Orden?

¡Nos vamos a Santiago!, Hoy es el día, tenemos un viaje concertado.

Me invita un caboverdiano que hace diez años que no pisa su tierra, que no visita su casa, y que no ve a su madre. Mi colega el portugués y yo pagamos el billete de avión, el corre con el resto de los gastos. Tiene una fábrica en Portugal, pequeña, pero fábrica que levantó con sus manos. Es loable, y digno de respeto, pero todo esto no es excusa para ser un desarraigado, y así se lo hago saber. Cuando se lo digo me parece que noto un cierto brillo en sus ojos… ¿de culpa?... ¿de morabeza?
He llegado a la conclusión de que nos quiere llevar como escudos, como para no sentirse solo ante la bronca que le van ha echar en casa y sentirse un poco arropado. El amigo Veiga.

Tenéis que tener en cuenta que lo que os estoy relatando ocurre en el año 1999; no existe el aeropuerto intencional de Praia, ni Cristo que lo fundó. No hay mucha gente en el mes de noviembre, y pillamos los viajes sin problemas, en el hotel.

Desayuno otra vez con ellos, el baño me abrió el apetito; y pronto preparamos las cosas para el viaje. Como dice una amiga mía, para un viaje solo hacen falta las tres pes (PPP); a saber: Pasta, Pasaporte y Pasaje. ¡Contundente!
Nos lleva al aeropuerto en el todo terreno un compañero de viaje al que le dejamos el coche hasta nuestro regreso.

¡No me lo puedo creer!
Con solo quince minutos de retraso de la hora prevista nos dirigimos al avión.
Y despegamos. Según vamos tomando altura tomo consciencia de lo pequeña que es la isla de Sal (cuando llegué era de noche), pequeña, plan, seca, árida; pero recapacito y pienso que no es cierto, esta es una vista global y engañosa; lo realmente importante esta allí abajo. Saco unas fotos.
Volamos entre nubes, mejor por encima de las nubes. Al rato entre ellas y mirando hacia abajo descubro otra isla, me dice el amigo Veiga que es Boavista. Es más grande, más verde en partes, se adivinan playas enormes. Y me pregunto como será Santiago desde el aire.
Ding-dong… cinturones y para abajo. Santiago, es grande, verde, no es plana como Sal, tiene montañas, se adivina agreste, distinta. Praia la capital parece una ciudad o al menos lo que entendemos los europeos por ciudad.
¡Dios mío!... ¿En ese trozo de carretera vamos a aterrizar?... ¡pero si no cave el avión!...
Pues sí, cupo.


Continuará...

José Ramón


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