Cape Verde Islands

Friday 20.09.2019

 
 
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 Asunto: Diario de viaje - Semana Santa 2005
NotaPublicado: Lun Abr 04, 2005 3:53 pm 
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Ya estamos de vuelta, qué pena tan grande. Hemos decidido hacer un resumen de nuestras 23 páginas de diario de viaje y compartirlo con todos vosotros, esperamos que estas líneas puedan ser de utilidad para los que estén preparándose el viaje. La verdad es que después de estar en el verdadero Cabo Verde, llegar a Sal y encontrarse con un montón de gente con las pulseras del todo incluido y las trencitas en el pelo da un poco de lástima… ¡pero mejor para nosotros los que llegamos a ver más!

1er día (viaje): a primera hora de la mañana se pone en contacto con nosotros la madre de un chico de mi pueblo que vive en Sal, porque nos habíamos ofrecido a llevarle algo si lo necesitaba. Antes de ir al aeropuerto vino con un paquete de embutidos y solomillos, y nos acompañó al aeropuerto. Después de los dos aviones llegamos a Sal, donde nos esperaba una desorganizada cola para pasar la aduana. Allí íbamos oyendo comentarios en plan “aunque no lo parezca los extranjeros somos nosotros” o “esto en España no pasa”, que nos sacaban de quicio. Finalmente, después de arreglar los visados allí in situ (pagando 45€ cada uno), acabamos durmiendo en “Residencial Central”, en Espargos (29€ la doble con desayuno, no es el Ritz pero está muy limpio).

2º día (Sao Vicente): a las 10 de la mañana cogimos el avión a Sao Vicente. Una vez allí cogimos un taxi (700 escudos). No teníamos nada reservado, y el taxista nos recomendó el “Residencial Sodade”, que estaba bastante céntrico (Jenny quedaba a la altura del puerto, y el Che Guevara más a las afueras, en la zona de la Playa Laguinha). Cuando llegamos al hotel solo les quedaban cuartos de la categoría más inferior (29€ la doble con desayuno, pero hay diferentes precios según la planta y las vistas. Desde la terraza del restaurante las vistas son geniales, se ve todo Mindelo y también Santo Antao). La habitación estaba muy limpia y las camas estaban bien, y había agua caliente, pero ésta salía un poco marrón (esto te lo puedes tomar como una putada o como un baño de arcilla gratis, según la tolerancia de cada uno cuando viaja). Entre que nos instalamos se hicieron las 12 del mediodía, así que nos pusimos los bañadores y el ISDIN-35 y salimos a descubrir Mindelo. Empezamos a caminar y nos encontramos con un hombre que nos quiere vender artesanía africana. Le decimos que en otro momento, que ahora estamos buscando un sitio para comer. Seguimos andando, y nos lo encontramos dos veces más. A la cuarta vez le dice a otro que nos acompañe al Club Náutico (está en frente del mar), y le seguimos. Nuestra sorpresa es que el hombre, con una camiseta del Barça más falsa que un duro sevillano y medio drogado-bebido-fumado, se sienta con nosotros y se pide un café. Resulta que no habla portugués. Se queda allí un montón de rato, tampoco dice nada, al final se duerme en la mesa. Finalmente decidimos irnos, así que pedimos la cuenta y nos cobran su café. Más tarde nos enteramos que Mindelo está repleto de senegaleses que se aprovechan de los turistas y te intentan vender de todo a precios increíbles, un caboverdiano te acompañará a donde sea pero no te pedirá nada a cambio. Según nos contó un taxista, hace unos días hubo una pelea entre un senegalés y un caboverdiano en la Playa Sao Pedro que acabó con dos muertos, y últimamente están teniendo problemas con los senegaleses que viven en la calle.
Después de comer fuimos a comprar el billete del barco que va a Santo Antao (el de Navieraarmas, 600 escudos, se puede comprar la ida y la vuelta a la vez. El otro barco, el Ribera do Paul, es más pequeño y un espectáculo de vómitos). Seguidamente fuimos un rato a la Playa Laguinha, llena de gente tomando el sol o jugando a pelota. Hacía bastante viento y acabamos rebozados como croquetas. Por la noche cenamos langosta (2800 escudos el kilo, un kilo da para dos personas) en “La Katedral”, que tiene una terraza en el primer piso donde sopla el viento, si vais coger una chaquetilla. Estaba bastante buena, pero en este país cocinan mucho el pescado, y quedó un poco seca. Eso sí, paciencia un rato, porque tardaron una hora en traerla. Después de cenar fuimos al Club Náutico, donde había música en directo.

3er día (rumbo a Tarrafal): dado que Mindelo tampoco tiene mucho que ver y Santo Antao nos atraía muchísimo, al día siguiente ya cogimos el barco. Cogimos un taxi hasta el puerto (que ya iba lleno, pero nos cogió igual), y el taxista nos preguntó cómo nos llamábamos y nos dijo que el día 24 nos esperaría en el puerto. El ferry salió puntualmente a las 8, y una azafata repartía bolsas para vomitar. Mejor sentarse fuera, dentro la cosa se menea bastante. Poco antes de llegar a Porto Novo se para el viento y parece que entres en una dimensión diferente. Una vez en tierra (donde por cierto vimos al clon de Carod-Rovira en caboverdiano, pero clavadito clavadito) nos esperaba Adriano, el conductor que por 5000 escudos nos llevaría a Tarrafal-Monte Trigo (tuvimos que contratar servicio de taxi porque era domingo y ningún alluguer de Tarrafal viajaba ese día). Nos sentamos los dos con él en la cabina del pick-up (Jordi en el asiento y yo en una cosa rara con una pierna encima del cambio de marchas haciendo equilibros cada vez que el hombre ponía segunda), y empezó el trayecto de 3 horas por un camino de cabras de lo más rocambolesco e intransitable por el resto de los mortales que os podáis imaginar. Eso sí, unas vistas y unos colores impresionantes, solo por eso ya vale la pena ir hasta Tarrafal. Por el camino subes hasta 1500 metros de altura, desde donde ves el Tope da Coroa, y vuelves a bajar hasta el nivel del mar. Una vez en Tarrafal, Frank y Susi, los dueños de Mar Tranquilidade (único alojamiento del lugar), nos dieron de comer y nos acomodaron en nuestra casita de piedra con vistas al mar y techo de platanero. Por la tarde fuimos a la playa un rato, y luego disfrutamos de la puesta de sol con unas Sagres sentados descalzos en el muro de Mar Tranquilidade. Cenamos como reyes y luego practicamos inglés con Frank y Susi, quienes llegaron allí con su barco después de dar la vuelta al mundo y allí se quedaron y construyeron este conjunto de casitas.
El lugar es impresionante, con una playa de arena negra donde no hay ni dios y una tranquilidad que no se paga con dinero, y una gente maravillosa que primero te miran y al día siguiente ya son tus colegas. Normalmente te puedes meter en el agua hacia dentro, pero estos días había un mar de perros, con olas altísimas a lo tsunami que se oían desde la cama como leones rugiendo y no se podía nadar, pero sí remojarte en la orilla. Allí el plan es desayunar a partir de las 8, comer a las 12 (200 escudos, sopa o pasta y pescado) y cenar a las 7 (600ecv, verduras, huevos, pasta, pescado…). A las 10 todo el mundo suele dormir. El grogue y el agua siempre están a tu alcance, y hay una neverita con cervezas y refrescos de donde te pillas lo que quieras y te apuntas en la libreta. Dormir vale 1500ecv por persona. Son solo 7 casitas, no hay agua caliente, y solo hay electricidad de 11 a 14h y de 18 a 24h. Tampoco hay cobertura de móvil, y del grifo salen unos bichitos muy enanos y cabezones en plan espermatozoide. Todo esto forma parte del encanto del lugar, si necesitas un hotel de 4 estrellas con piscina más vale no ir (y si tienes almorranas tampoco, más que nada por el camino). Si buscas paz y tranquilidad y perderte en el fin del mundo con vistas indescriptibles y las mejores puestas de sol del planeta y gente genial, es el lugar perfecto. En la guía de Elisenda Copons solo hay 4 líneas sobre Tarrafal, debería ampliar ese apartado porque da para escribir un libro entero (por cierto, según Frank, la supuesta foto de Tarrafal que sale en la guía no es real, porque él conoce todos los barcos de la zona y esos no son de allí).

4ºdía (Tarrafal): por la mañana dimos una vuelta por Tarrafal. La idea era hacer un camino de trekking de unos tres cuartos de hora, pero estábamos muy perros y hacía calor, así que no llegamos más allá del pueblo. La gente nos miraba, algunos nos saludaban y otros se reían (íbamos un poco vestidos de guiris, con gafas de sol y la cámara y las botas de trekking, yo también me troncho cuando pasa un inglés con sandalias y calcetines por las Ramblas de Barcelona, así que su razón tenían). Después fuimos un rato a la playa, estábamos solos. Al mediodía llegaron 6 alemanes y una pareja de Barcelona con los que comíamos y cenábamos y hacíamos eternas sobremesas. También tenía que llegar un tal Jesús (español, Susi y Frank flipaban con el nombre, porque para ellos no es muy habitual. “Jesus is comming!!!”, iban diciendo, como si bajara del cielo). Finalmente resulta que el tal Jesús, tozudo en alquilar un coche y hacer él el camino de cabras, dio media vuelta cuando vio el percal (“Jesus is not comming”). Por la tarde más playa, paseando hasta la punta y luego espachurrándonos al sol. Teóricamente nos íbamos a ir al día siguiente, pero como estábamos en la gloria decidimos quedarnos un día más. Además al día siguiente tenía que venir el presidente de Santo Antao a inaugurar una especie de terraza que habían construído delante del mar, pero que no estaba acabada porque los que la hacían la mitad de los días no iban a trabajar porque se habían pasado la noche bebiendo grogue y estaban resacosos. Este hecho, que en nuestro país crearía bastante estrés, allí se consideraba un detalle menor. También iban a matar una cabra (o cabrito, porque tenía un mes, yo lo estuve acariciando y le cogí cariño y luego me dijeron que nos la íbamos a comer) para comer, ya que venía el “presi”.

5º día (más Tarrafal): más de lo mismo. Al levantarnos andaba por ahí Berno, un alemán tirando a borde que llevaba bastantes días allí sin que supiéramos qué hacía, con un niño pequeño en brazos. Tenía el pelo largo y llevaba una cola, iba descalzo y vestía unos vaqueros arremangados en plan pescador. Berno nos dijo que el crío estaba obsesionado con él, que tenía solo 14 meses y venía andando él solo desde su casa a buscarlo, y le llamaba papá. Le hicimos la broma de que se lo tendría que llevar a Alemania, y nos soltó “not him, not his mother; in my house there is no smoking and no little boys and girls”. Viendo que al hombre no le iban las gracias, nos pusimos a desayunar.
Al mediodía no había llegado nadie, y vino el dueño de la cabra y le dijo a Frank que aun no la había matado. Frank salía a la terraza cada vez que oía un coche (hay que puntualizar que en todo el día pasaron dos, que de hecho era el mismo de ida y de vuelta) para ver si llegaba el presidente. Finalmente, a la hora de cenar, nos confesó que el presidente no venía y que decían que estaba en Amsterdam. Durante la puesta de sol, un niño vio a Jordi haciendo fotos en la playa y le pidió que le hiciera una foto. Al verlo, se empezaron a acercar varios niños y dos mujeres con bebés, y posaron todos. Alucinaban cuando se disparaba el flash y se partían de risa, parecía que estuviesen en un casting. Como la cámara es digital, les encantó verse en la pantallita. Después les ofrecimos gominolas, y acabaron con las existencias de la bolsa. Ponían unas caras de felicidad que no tenían precio. Realmente en este país los niños son todos guapísimos, y tienen cara de salud. Las mujeres son también muy guapas casi todas (bueno, la camarera del chiringuito de la Playa Laginha de Mindelo daba un poco de miedo con su bigote y su barba y unas gafas de sol enormes que le tapaban el resto de la cara, pero era la excepción), con unos cuerpos esbeltos y bastante presumidas, y los hombres generalmente tienen bastantes “musculitos” y se nota que se cuidan.
Antes de ir a dormir quedamos con el conductor del alluguer, que salía al día siguiente a las 5 de la mañana hacia Porto Novo.

6º día (hacia el norte): nos levantamos a las 4:30 y fuimos al WC con una vela porque a esa hora no hay electricidad en Tarrafal. A las 5 en punto llegó el alluguer (500ecv por persona). Mientras el conductor ataba nuestras mochilas junto a unos sacos de grano, uno de los ocupantes se puso a hacer necesidades mayores en la playa. Atrás, además, íbamos 5 personas, una caja y la rueda de recambio, y dos cabras que recogimos a medio camino y que encasquetaron debajo del asiento. En el techo de la cabina viajaban botellas de coca-cola vacías. Cuando salimos era negra noche, y se hizo de día por el camino, lo cual fue espectacular. En la parte de atrás se notaban más las irregularidades del terreno, y nos dimos algún que otro coscorrón. A las 8 de la mañana llegamos a Porto Novo, y el conductor nos llevó hacia el alluguer que subía a Ponta do Sol. A las 9:30 salimos hacia el norte, esta vez el alluguer era una furgoneta de asientos blanditos que nuestros culos agradecieron. Las vistas del camino eran una pasada, con las montañas comiéndose a las nubes, ya lo dice bien Elisenda Copons en su guía que solo por esa carretera ya vale la pena subir hacia el norte. En Ribeira Grande nos traspasaron a otro alluguer que subía a Ponta do Sol (precio hasta Ribeira Grande 300ecv cada uno, y 100 más hasta Ponta do Sol). Una vez en Ponta do Sol el conductor hizo un poco de recorrido para encontrarnos hotel. Preguntamos en el local de un francés, pero el baño era compartido y el precio era el mismo que en el resto. Finalmente acabamos en “A beira mar”, pero que todo el mundo conoce como “Casa de Fátima” (telf 238-2251008). Es un hotel nuevísimo delante del mar, acabado de estrenar (de hecho algún le falta alguna cosilla), el precio son 2600ecv la doble con desayuno, con baño privado y agua caliente y la mamparita hermética en la ducha y cama de matrimonio hipercómoda con colchón de muelles que después de todo el tute nos sentó de muerte. Una vez instalados, salimos a explorar. Teníamos la idea de comer cachupa, pero no encontramos (en la Esplanada Nova Aurora la tenían en la carta, pero no había), así que acabamos comiendo pescado en O’Veleiro, delante del mar y del hotel: el plato de pez sierra con patatas y arroz 800ecv, y te traen un buen trozo de pescado, como si fuera un entrecot (el pez sierra se parece al atún, pero es más suave). Después de comer necesitábamos irnos al otro barrio un rato mediante una siesta, así que nos fuimos al hotel.
Cuando resucitamos eran las 4 y pico de la tarde, y a mi se me metió en la cabeza ir a Fontainhas, un pueblecito cercano a Ponta do Sol que pintaba muy bien según la guía. Jordi estaba agotado y un poco pasivo, pero se dejó arrastrar. Fuimos hasta la plaza principal del pueblo, y vimos un alluguer sin ningún letrero. Le preguntamos si habían alluguers hasta Fontainhas, y nos dijo que solo por la mañana, pero que él nos podía llevar y traer por 1000ecv en total. Aceptamos, y nos subimos en la parte trasera (nos dolió un poco el volver a experimentar uno de esos asientos…). El conductor, simpatiquísmo y llamado Nelson (el coche es un pick-up verde botella sin el letrerito de “alluguer”, por si lo buscáis), nos dijo que si queríamos hacer fotos que picásemos en la cabina y paraba, y empezó el trayecto. Eran pocos kilómetros por carretera adoquinada, pero daba un poco de miedo porque estaba pegada al barranco, cualquiera se atreve a estornudar en una curva. Eso sí, fue un placer para nuestros ojos ver esas vistas, primero de todo Ponta do Sol y luego del mar azulísimo chocando contra las montañas rojizas. Por el camino el profesor del colegio de una aldea cercana nos pidió permiso para subirse, y evidentemente le dijimos que sí. Hablaba español, y nos fue explicando cosillas sobre la isla y sobre la Morabeza de su gente. Una vez en el pueblo flipamos con los colores, las casas estaban medio colgando de la montaña y cada una era de un color, con un montón de flores y verduras alrededor (un poco tipo Heidi, quizás). Nelson nos iba indicando por qué calles meternos para hacer fotos chulas, y en una de ellas encontramos a una mujer joven chafando cereales para preparar cachupa. Le pedimos permiso para hacerle una foto y dijo que sí, y le encantó verse después en la pantallita de la cámara digital. En otra callecita unos niños nos pidieron un donativo para la escuela del pueblo, y se lo dimos.
Cuando ya habíamos hecho tropocientas fotos, Nelson nos llevó de vuelta a Ponta do Sol. Dimos un paseo hasta el mar (por el camino descubrimos la sede del “Solpontense Futbol Club, penúltimo clasificado de la liga de Santo Antao), y nos sentamos a ver las olas chocar contra las rocas, pero en un plis-plas empezó a subir la marea y tuvimos que emigrar a un lugar más seguro. Nos sentamos en una terracita a tomar unas cervezas viendo la puesta de sol, y se puso a hablar con nosotros la alemana pelirroja de la mesa de al lado, que viajaba sola, y como en el alluguer había oído que veníamos de Tarrafal nos estuvo preguntando qué tal estaba aquello (le dijimos que llamase para reservar, y una vez de vuelta en Barcelona nos enteramos que apareció en Tarrafal, pero como estaba todo lleno se tuvo que ir después de todo el tute del caminito). Después de la puesta de sol llegó el momento ducha, hacía días que no probábamos el agua calentita, ¡qué gusto! Antes de cenar quedamos con Cecilio, el conductor del alluguer que bajaba a Porto Novo al día siguiente a las 7:30, para que nos recogiese (furgoneta roja, con su nombre escrito en la puerta, si quedas con él te recoge en Fátima, y si no por allí pasan más coches). Para cenar estábamos tan muertos que cenamos en el mismo hotel (donde nos volvimos a encontrar a la alemana pelirroja), y la cosa nos salió muy bien, porque ni tuvimos que pensar qué queríamos: nos sentamos y nos trajeron una bandeja con dos trozos de pescado con tomate y cebolla, patatas fritas y verduritas, y un plato de arroz. De postre había calabaza, que estaba de muerte. Precio total entre los dos: 1000ecv. Después fuimos a O’Veleiro a hacer unas Sagres, y a los 3 minutos llegó la alemana pelirroja y se sentó con nosotros en la barra (siempre va bien practicar inglés en esta vida). A las 10 de la noche ya estábamos en coma en la cama.

7ºdía (rumbo a Sal): a las 6:30 ya estábamos en pie para desayunar a las 7 y coger el alluguer de Cecilio a las 7:30. La noche nos sentó de fábula en esa cama tan cómoda. El desayuno consistió en pan con mantequilla y mermelada de papaya, queso, un trozo de pastel, plátanos y un café con leche (y la alemana pelirroja en la mesa de al lado). A las 7:35 llegó Cecilio, con la furgoneta llena de alemanes con palos de trekking que iban a hacer la excursión de Cova Crater (como véis, se pueden hacer excursiones desplazándote hasta el punto de partida en transporte público, sin tener que gastarte un dineral en alquilar un coche). También había dos niñas pequeñas que no pararon de comer galletas hasta que se durmieron una encima de la otra, estaban de postal. En la entrada del pueblo se subieron unos cuantos alemanes más que iban a Porto Novo. El trayecto fue igual de chulo que la subida, pero Cecilio le pisaba más fuerte que el otro conductor y daba un poco más de impresión. A las 9 en punto llegamos a Porto Novo, y como había mucha cola para acceder al puerto en coche nos bajamos y tras pagar 600ecv en total por el trayecto caminamos los pocos metros que nos quedaban hasta el ferry. Una vez allí miramos a ver si encontrábamos al clon de Carod-Rovira que habíamos visto al llegar para hacerle una foto, pero no andaba por ahí. A las 9:50 subimos al barco, que salió puntualmente a las 10. Teníamos pensado que al llegar a Mindelo iríamos andando con las mochilas a cuestas hasta el Mercado Municipal, sonde había una tienda de discos, puesto que queríamos comprar algún CD de música local. Nuestra sorpresa fue que al salir del barco, esperando en primera fila y gritando nuestros nombres estaba Ildo Jesús, el taxista que nos había llevado al puerto unos días antes y que nos había dicho que nos vendría a recoger. Nos montamos con él en el taxi, y nos preguntó qué queríamos hacer, que él nos paseaba. Le dijimos lo de los CD’s, y nos llevó al Mercado Municipal (un espectáculo de colores y olores, donde la mercancía viene en gran parte de Santo Antao), donde había una tienda de música en el primer piso. Entró con nosotros y nos estuvo aconsejando, y compramos un CD de Lura y otro de Ildo Lobo (el cual murió hace unos meses). Seguidamente fuimos a echar un vistazo a un par de tiendas de souvenirs, pero la mayoría de las cosas que vendían eran de la costa africana y no de Cabo Verde, así que al final no compramos nada. Cuando entrábamos en una tienda Ildo Jesús se quedaba en el taxi, y Jordi tenía miedo de que se fugara con nuestras mochilas (cargaditas de ropa sucia), pero en ese lugar es impensable que te pase algo así. Entre tienda y tienda se nos hicieron las 12, y nuestro guía-taxista nos preguntó qué queríamos comer. Una servidora soltó que quería comer cachupa, así que el hombre nos llevó a la Rua Lisboa, aparcó delante del Café Portugal y habló con un colega suyo, el cual nos hizo entrar dentro y le dijo al dueño que éramos españoles, que queríamos cachupa y que nos tratase "bem". ¡Y tan bem! Por 600 escudos entre los dos, nos comimos un plato gigante de cachupa con huevo y fiambre cada uno, cervecita y cocacola, dos pastitas de postre y un café, todo delicioso. Mientrastanto Ildo Jesús se fue a comer a casa con nuestras mochilas en su taxi, cosa impensable en cualquier otro lugar del mundo y con ciertas dudas sobre si habíamos cometido una imprudencia por parte de Jordi, pero este hombre transmitía buenas vibraciones y confiamos en él. A las 14h, hora pactada, nos vino a recoger y nos llevó al aeropuerto, enseñándonos la cara del Monte Cara por el camino. Yo creía que hablaba español porque lo entendía de coña, pero luego Jordi me dijo que hablaba portugués. Por todo el apaño nos cobró 1500 escudos. Por si alguien necesita un taxista-chófer-guía en Mindelo, este es su teléfono: móvil 9915908, casa 2317852. Es de Santo Antao, y nos metió bronca por no haber ido a Paúl (así tenemos excusa para volver).
Una vez en el aeropuerto, facturamos y nos sentamos a esperar. El vuelo salió con retraso, y llegamos a Sal a las 5 y pico de la tarde. Para coger un alluguer (ya le habíamos pillado el gusto) teníamos que coger un taxi hasta Espargos, así que cogimos el taxi directamente hasta Santa María. Ir por la carretera superpavimentada de Sal ya era como haber cambiado de país, así que os podréis imaginar cómo nos sentó encontrarnos en medio de Santa María, con todo lleno de turistas (con trencitas en el pelo, la pulserita del todo incluído y coleccionando quemaduras solares) y senegaleses queriendo venderte de todo a unos precios desorbitados. Una vez instalados en el hotel Leme Bedje (60€ la doble, pero no los vale), nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Las casas a medio terminar se mezclaban con casas muy bien puestas y con flores en los balcones pertenecientes a extranjeros con dinero, y por la calle no se veían demasiados caboverdianos. Realmente lo encontramos bastante feo, sobretodo después de haber estado en lugares como Tarrafal o Ponta do Sol. La verdad es que teníamos la sensación de que nos podríamos haber quedado en Santo Antao hasta el final, y haber ido a Sal directamente a coger el avión de vuelta a casa, pero claro, ya que estábamos igual no estaba mal verlo.
Cenamos en Shark Zone, un restaurante de dueños catalanes cercano al hotel (ensalada de tomate y queso para compartir y un plato de bonito con patatas cada uno, pero con menos cantidad de substancia que en el Cabo Verde de verdad, con agua, sin postre, 1850ecv). Después de la cachupa del mediodía flipamos con los precios, pero la comida estaba bastante bien. Después de cenar estábamos muertos, y nos fuimos a dormir prontito (no nos apetecía buscar la famosa discoteca “Pirata”, que estaba bastante lejos).

8º día (haciendo la gamba en Sal): nos levantamos sin prisas a las 8:30 y fuimos a desayunar. El desayuno era buffet, con pan, embutidos, mermelada, fruta, zumo, café, etc, pero tampoco era nada del otro mundo. El plan inicial era alquilar un coche, pero como nos dijeron que las salinas no eran nada del otro mundo, el coche nos costaba una pasta y solo teníamos dos días y no tendríamos tiempo de aburrirnos, decidimos disfrutar de la playa al máximo y relajarnos al sol sin pensar que podríamos estar en Tarrafal y que éramos tontos por estar allí. Nos bañamos en ISDIN-35 y nos fuimos a la playa. Mientras andábamos por la arena decidiendo dónde ubicarnos, nos iban abordando senegaleses vendiendo de todo, y acabamos comprando un cuadrito de arena para plantarlo en la toalla en plan “ya hemos comprado”. Después de Tarrafal, ver una clase de aerobic en la playa con King Africa de fondo es un poco chocante. Finalmente colocamos las toallas, cosa complicada por el viento. Después de tomar un rato el sol y hacer unas cuantas fotos nos bañamos un rato. El agua era transparente, y su temperatura ideal. Cada 3 minutos aproximadamente pasaba un senegalés cargado de trastos y con el mismo rollo “amigo, más barato”. Le decías que no y igualmente te sacaba el muestrario de tortugas de madera, collares, cuadros de arena, etc. Te preguntaba tu nombre y te decía el suyo (todos tenían familia en Barcelona, parecía ser, pero yo creo que la tenían donde fuese con tal de venderte algo). Seguías diciendo que no, y te pegaba el rollo de que tenía que pagar la pensión en Espargos, que eras su primer cliente del día, etc. A veces había que ser borde, porque no se iban. A los 3 minutos volvías a oir “más barato, más barato”. Ya te podías hacer el dormido, que te picaban en el brazo para que vieses todo el muestrario. Y además de ellos, las mujeres que te querían hacer trenzas en el pelo (las senegalesas insistían, las caboverdianas no). Yo lo probé una vez y nunca más, te acabas quemando la cabeza porque dejan al descubierto zonas de cabeza que en su vida han visto el sol.
Fuimos repitiendo el proceso sol-agua-senegalés durante toda la mañana, hasta que nos entró hambre, y nos dirigimos al Barracuda, un restaurante a pie de playa de dueños canarios que nos habían recomendado (está al lado de la plataforma de madera donde descargan los barcos de pesca). Os recomendamos el carpaccio, tanto de atún como de pez sierra. La comida nos costó a precio europeo, pero realmente comimos muy pero que muy bien. Después de los cafés volvimos a la playa, pero estábamos hartos de sol y se había levantado bastante viento y acabamos comiendo arena, así que nos fuimos hacia el hotel. Allí buscamos la supuesta piscina, que era enana y estaba encajonada entre los edificios, de modo que no le daba el sol ni a tiros, y el agua estaba helada, con lo cual pasamos al plan B: siesta, ducha y paseíto.
Alas 17:30 ya estábamos listos para salir, y se nos ocurrió comernos una bola de helado en el hotel, la cual nos cobraron a precio de filete de ternera. Nuestra intención era comprar algún souvenir de Cabo Verde, ¡menuda misión! Empezamos a andar y nos metimos en un recinto que tenía un letrero que ponía “Mercado Municipal”. ¡Qué agobio! Todo eran tenderetes de senegaleses que evidentemente no se estaban sentaditos esperando a que preguntases precios, sino que se te echaban encima y te barraban el paso con su “buen precio, más barato”. Nos gustó una tela africana con mujeres preparando cereales para preparar cachupa, y el vendedor nos quería enchufar un pack con figuritas de madera y 3 telas en lugar de una. Preguntabas el precio y te decía “llevas 3, más barato”, y tú que solo quieres una, y al final nos quedamos con la tela y punto y el tío encima va y se hace el ofendido. Salimos de allí por piernas y nos fuimos de intento de paseíto relajado, pero en cada esquina había un senegalés que te obligaba a entrar en su tienda donde vendía lo mismo que todos, eso sí, los precios para reírse de abusivos. Veías a los italianos cargados de figuritas de madera, pero nuestro planteamiento fue que algún día iríamos a Senegal y ya compraríamos estas cosas allí, ahora estábamos en Cabo Verde. Buscamos camisetas, pero valían un riñón, y tampoco eran nada del otro mundo (para eso nos comprábamos una camiseta lisa y le estampábamos “Cabo Verde” una vez en casa y nadie lo notaría). Finalmente decidimos no comprar nada más (ya teníamos los CD’s, el cuadrito de arena y la tela africana), porque para llevar un regalo inútil a nuestros padres ellos entenderían que nos ahorrásemos el dinero. Siempre quedaba la opción de enmarcarles una foto de la puesta de sol de Tarrafal como recuerdo. De vez en cuando entrábamos en tiendas de caboverdianos, ¡qué diferencia! Estaban detrás del mostrador, sin agobiarte, y si te ibas sin comprar no era ningún drama.
Sobre las 8 de la tarde fuimos hacia el hotel a buscar algo de abrigo (en Sal hace rasquilla por las noches). La playa nos había dejado muertos, así que miramos la carta del restaurante del hotel (a la de la barra le costó pillar que queríamos ver la carta, porque hablaba única y exclusivamente inglés). El tema no parecía estar mal, así que nos sentamos. Nos toman nota de las bebidas y nos las traen, y empezamos a pedir. “De esto no hay”, “de esto tampoco”, “de lo otro hoy no hay”. Finalmente preguntamos qué es lo que tenían, porque como ya teníamos las bebidas no nos podíamos ir, y solo había pollo, pasta y pizzas. Jordi se pidió el pollo, y yo unos espaguetis a la carbonara, y de entrante unas tostaditas con tomate para compartir. Las tostaditas vinieron en seguida, y una hora más tarde llegó el pollo (solo había un muslo de pollo anoréxico, y si lo haces con el microondas queda hasta mejor) y los espaguetis. Éstos tenían la salsa carbonara cuajada, en tropezones, y sabían horrorosamente a quemado. Se lo dije a la camarera, y se los llevó y me trajo la carta otra vez. Dada la variedad elegí una pizza 4 quesos, que vino 3 años más tarde y se podía comer pero no había visto yo en la vida una masa tan fina. Mientras me la comía corrían cucarachas por el suelo del restaurante. No es que sea una histérica, las mismas cucarachas en Tarrafal no me importan, porque es su mundo y sé a lo que he ido, pero en un hotel de 60€ la noche y concretamente en el restaurante de precios abusivos no me hace ninguna gracia encontrarme según qué animalitos. Me terminé la pizza a toda velocidad, pagamos (1930ecv, y ni una disculpa) y nos fuimos. Ya habíamos tenido día suficiente, así que no tardamos ne irnos a la cama.

9º día (el último): nos despertamos a las 8 sin necesidad de despertador, y desayunamos. Hacía mucho más viento que el día anterior, y había alguna que otra nube. Cuando llegamos nos ofrecieron el servicio “Day use”, que consiste en pagar 30 euros y tener derecho a estar en la habitación hasta que te vas (el check-out era a las 12, y nuestro avión a las 3 de la madrugada). Después de desayunar hablamos con la recepcionista para contratar este servicio, y nos dijo que nuestra habitación tenía una reserva y que nos cambiaba al de al lado, y antes de irnos a la playa hiciésemos el cambio. No nos hizo demasiada ilusión, pero aceptamos. Cuando Jordi fue a abrir la otra habitación se encontró una maleta dentro, y fue directo a recepción. La chica nos suelta que entonces no nos cobraba los 30€ y nosotros podíamos ducharnos allí pero que sería compartido. Le dijimos que ni hablar, que no nos duchábamos con gente entrando y saliendo, que queríamos algo cerradito para nosotros. Sacó la maleta de allí y nos dijo que vale. La habitación que nos habían dado era un apartamento inacabado, sin cortinas, con el dormitorio patas arriba, sin ventilar y sin sábanas ni toallas. Nos quejamos y nos pusieron sábanas en las dos camitas del salón (pero las sábanas tenían manchas perpetuas). Finalmente nos fuimos a la playa. Nos costó más que el día anterior colocar las toallas debido al fuerte viento, y en un plisplas acabamos rebozados de arena. El desfile de senegaleses no había hecho más que empezar…
Sobre la una estábamos hasta el moño de comer arena y decidimos ir a comer. Vista la experiencia de la cena del día anterior, preferimos ir a lo seguro y volvimos al Barracuda. Primero nos tomamos unas cervecitas y unas patatas fritas y luego pedimos la comida. Acabando de comer Jordi se empezó a encontrar fatal, así que después de pagar nos fuimos al hotel a que descansase un poco. Se estuvo encontrando mal toda la tarde, e hicimos la siesta en nuestro superapartamento sin cortinas a la vista de todo el que pasaba. Finalmente decidió ducharse, y al salir me suelta “o tengo fiebre o no hay agua caliente”. Abrí el grifo y el agua salía heladita, así que fui a recepción con la mosca en la nariz. Nos dicen que nos vayamos a duchar a otra habitación, que también era un apartamento sin acabar, esta vez con el baño asqueroso, la tapa levantada y rastro humano en el inodoro. Yo estaba que mordía, porque ya habíamos pagado el hotel y el servicio “day-use” que nos estaban dando era una porquería. Después de ducharme intentando no tocar nada de esa ducha, salimos a que nos diese un poco el aire. Jordi era incapaz de comer nada, pero yo necesitaba cenar algo antes de coger el avión, así que entramos en el bar de la Pensión Relax y pedí una ensalada de tomate y queso. Al salir de allí él solo tenía ganas de tumbarse en la cama, así que volvimos al Leme Bedje. Por el camino vimos pasar a un taxista y quedamos con él a la una de las 00:30 para ir al aeropuerto (más valía ir con tiempo, y total tampoco hacíamos nada allí ya). Nos pusimos a dormir un ratillo, y a la hora prevista vino el taxi. Su conductor llevaba una pulserita de todo incluído, llevaba la música disco a todo trapo y se dedicó a hacer un rally hasta el aeropuerto. Cuando llegamos al aeropuerto Amilcar Cabral, nuestra gran sorpresa fue ver dos mostradores de TAP pero ninguno de TACV. Preguntamos, y nos echaron la bronca por no haber confirmado nuestro vuelo, pues salía a las 10 de la mañana del día siguiente. Le debimos dar mucha lástima a la mujer, con Jordi con su mejor cara de enfermo, porque nos enchufó en el vuelo de TAP que salía para Lisboa a las 2:05.
Entre el cambio de hora y todo, a las 7 de la mañana ya estábamos en Lisboa, y nuestro vuelo a Barcelona salía 6 horas más tarde. El aeropuerto estaba lleno de tiendas, pero Jordi solo quería dormir, así que nos apalancamos en unos asientos y el durmió y yo me dediqué a acabar el diario y a leer. Parecían años más tarde cuando finalmente subimos al avión con destino a Barcelona. Jordi se había activado y hasta se comió el bocadillo de pollo soso que nos dieron en el avión. Se había acabado nuestra aventurilla, había sido genial, volveríamos mañana mismo. Ahora nos quedan 300 fotos, un montón de recuerdos en nuestras mentes y un trocito de ese país en nuestros corazones.

Cualquier duda que tengáis no dudéis en preguntarnos, y os la intentaremos resolver a partir de nuestra experiencia, pero tened claro que todo es bajo nuestro punto de vista, y sobre gustos no hay nada escrito. Si tenéis muy claro que queréis hacer algo, guiaros por vuestro instinto (nosotros si nos dejamos llevar no pisamos Tarrafal…). Otra vez damos las gracias a todos los que nos han ayudado a planificar este viaje con sus valiosísimas informaciones sobre Cabo Verde a través de este foro. ¡Besos a todos! <img src=icon_smile_kisses.gif border=0 align=middle><u></u><b></b><b></b><u></u>


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NotaPublicado: Mar Abr 05, 2005 1:17 am 
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Registrado: Sab May 04, 2002 4:40 pm
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Ubicación: Cabo Verde
Hola Marandarina

¡ Simplemente fabuloso !

Espero que mucha gente pueda leer y aprovechar toda la valiosa información de este relato.

Muchas gracias, un abrazo,
Daniel

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Director
Cabo Verde 24 – Serviços, Informática e Internet Lda.
CP. 4, Paúl, Santo Antão
Cabo Verde
Tel: +238 - 2 238001
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NotaPublicado: Mar Abr 05, 2005 9:34 am 
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Registrado: Lun Nov 25, 2002 7:40 am
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Gracias Marandarina, por el relato; esto es como leer un libro y luego poder hablar con su autora....me has traido a la mente recuerdos maravillosos, solo echaros la bronca como el taxista de Sao Cente, por no haber ido a Paul, jejeje, y no haber subido al Monte Verde en Sao Cente, pero lo q cuentas es magnifico y tan real q parecia q lo estaba viviendo, espero ver muchas fotos vuestras en la web de fotos q esta preparando Daniel, estamos en contacto, chauuuuu

kaixo


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NotaPublicado: Mié Abr 06, 2005 11:08 am 
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Registrado: Mié Mar 30, 2005 8:30 pm
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Que bien marandarina. Lo que cuentas es increible y nosotros no hacemos más que tachar días para irnos. Ya hemos sacado los billetes para el 7 de julio y estaremos 12 días, así que no hay marcha atrás!!!!!!!!


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NotaPublicado: Mié Abr 06, 2005 11:28 am 
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Registrado: Mié Mar 30, 2005 8:30 pm
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Perdona marandarina. Los precios de alojamientos que pones en las memorias de las habitaciones dobles son por persona o por habitación????? Si son por habitación nos harías muy felices porque tenemos que ir de tiradillos total... gracias majisima!


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NotaPublicado: Mié Abr 06, 2005 3:37 pm 
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Buenas noticias, son por habitación doble, todos con desayuno, excepto los 1500 escudos de Mar Tranquilidade que sí que son por persona (allí con 25 euros al día por persona duermes, desayunas, comes, cenas y te hartas a Sagres). En Santo Antao todos los precios son alrededor de los 25-30 euros la noche, pero las calidades oscilan de un lugar a otro (en Ponta do Sol, en Fátima vale 2600escudos la doble con desayuno, y paralelamente hay un francés que alquila cuartos sin baño a 1600ecv, pero con 400 más por cabeza de desayuno, de modo que se va a los 2400).
Os lo pasaréis genial, ya veréis. Si vais a Tarrafal no os olvidéis una buena bolsa de chuches (si son gominolas sin papel mejor, pq así no van papeles al suelo). ¡Los niños son tan guapos!


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NotaPublicado: Sab Abr 09, 2005 1:02 pm 
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Registrado: Sab Feb 12, 2005 11:46 am
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Me alegra que tus expectativas sobre S. Antao no se hayan visto defraudadas y que vuelvas muy satisfecha del viaje y con ganas de volver. A mí me pasó lo mismo. De todas formas, es una lástima que no le dedicaras más tiempo al Norte (viendo otros lugares como Fontainhas), metiéndote por lo valles y barrancos. Bueno, como tú dices, te sirve de excusa para volver, queda para otras vacaciones. Lo que no tengo muy claro es si a mí me compensaría la paliza en aluguer durante tres horas hasta Tarrafal, más otro tanto a la vuelta, salvo para ver eso de los espermatozoides saliendo por el grifo... Es fantástico, ¡te das una ducha y quedas embarazada!
A ver si cuando salgan las fotos en esa página nueva, también encuentro yo una excusa para volver por no haber llegado hasta allí.


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NotaPublicado: Sab Abr 09, 2005 11:32 pm 
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Registrado: Vie Feb 11, 2005 12:54 am
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Nuestras sensaciones al llegar a Tarrafal fueron parecidas al haber llegado al fin del mundo. Eso es, en nuestra opinión, un pequeño paraíso escondido tras unas montañas impresionantes. Está lejos y cerca a la vez. Si en lugar de tres, fuesen ocho las horas para llegar hasta Tarrafal, también valdría la pena. El trayecto forma parte de ese viaje al paraíso: te lo puedes tomar como una paliza y un suplicio o como un constante de estímulos visuales in crescendo; primero subes hasta el cielo por encima de las nubes y ves el mar furioso comiéndose las montañas rojizas, y luego bajas allí donde el mar hace el amor con Santo Antao: Tarrafal. En su playa de arena negra te quedarías una eternidad. A nosotros, dos días nos sabían a poco, y por eso nos quedamos una noche más. Cuando llegamos a Ponta do Sol también nos encantó todo aquello, pero seguíamos hechizados por la magia de Tarrafal y sus gentes. Quien quiera comprobar si realmente vale la pena llegar hasta allí, que vaya y lo vea; nos dará la razón. Estamos deseando compartir con todos vosotros las fotos de esas puestas de sol que nos tenían plantados esperándolas en primera fila durante largos ratos.


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NotaPublicado: Mié Abr 27, 2005 4:42 pm 
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Registrado: Mié Dic 10, 2003 1:08 pm
Mensajes: 13
Ubicación: España
Mandarina: comparto con vosotros gran parte de mis experiencias en Cabo Verde y en particular las de Tarrafal.
Mi periplo hasta ese magnífico oasis fue mucho más duro que el vuestro: yo tardé cerca de 8 horas en llegar. El “alluguer” que me llevó ya salió con retraso debido a que el anterior rompió la dirección. Salimos de Porto Novo con la furgoneta cargada muchísimo mas allá de los límites imaginables para un vehículo: tres personas en la cabina, la caja de carga llena de sacos de azucar, sal, ¡¡¡huevos!!!, bidones de agua, otros víveres y 4 personas, un niño y un perro. Tras un largo recorrido por la ciudad recogiendo distintas cosas que se añadían a la insuperable carga, salimos hacia Tarrafal –una distancia aproximada de 25 Km.- con infinitas paradas en cualquier lugar donde había presencia humana o de groge que, salvo el conductor Almeida, el niño y el perro, todos bebimos con profusión en un intento de aliviar nuestras doloridas posaderas.
Al retraso que ya habíamos acumulado, se añadió el tiempo que necesitamos para reparar el lógico reventón de una de las agotadas ruedas y una larga espera en mitad de la nada a unas mujeres a las que se len entregó una serie de víveres.
Y la llegada a Tarrafal…. Indescriptible, justo al atardecer… ¡esa playa, esa puesta de sol, esas personas!. Allí estuve refugiado una semana curando mi pobre espíritu europeo (y mis posaderas doloridas).
Desde entonces sufro de esa enfermedad conocida por “saudade” y creo que la única forma de sanar será retornando a Tarrafal.
La vuelta a Porto Novo, sin percances, duró menos, las 3 horitas de rigor.


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NotaPublicado: Mié Abr 27, 2005 7:14 pm 
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Registrado: Sab May 04, 2002 4:40 pm
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Ubicación: Cabo Verde
Hola,

solo añadir, que el letrero al principio de la carretera que pone "Tarrafal - 25 km" está totalmente equivocado. (Habrán medido por linea aérea en un mapa y no hecho el recorrido hasta Tarrafal).

¡ Son unos 45 kilómetros ! <img src=icon_smile_shock.gif border=0 align=middle>

Saludos,
Daniel

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NotaPublicado: Jue Abr 28, 2005 5:46 pm 
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Registrado: Vie Mar 12, 2004 11:38 am
Mensajes: 43
Ubicación: Cabo Verde
Hola Mandarina. antes de mas que bien que invidia (sana) el haber estado en mi rinconzito de tierra (Ponta do sol), me alegro mmucho que te haya gustado :) Lo siento las malas experiencias que has pasado por SAL. mucha gente amiga y conocida ya me habia dicho lo Pelea que es con los senegaleses. si es como cuando estuve en senegal entonces la verdad es k los turistas lo pasan fatal (lo siento). Tu aventura con el taxista en S. vicente es de Risa. es verdad que en ningun lugar del mundo esto suele pasar, pro tambien tuvistes suerte con el Taxista que han cogido. Es mejor no recomendar a la gente que lo haga jajajjajaja al menos que sea con el buen hombre que han encontrado o con otro que os recomenden puesto que nos es muy usual la gente dejar las cosas en los Taxis. Tampoco conozco Tarrafal , mi hermana me dijo ke s fantastico, pro yo con lo rara que soy :( me pongo mala con coches en mi isla, el trozo Porto Novo - Ponta do sol, me deja KO imagina entonces si me fuera a Tarrafal¿ bueno con lo que cuentas y lo que me han contado seguramente algun dia lo haré,a la mejor por barca.
un beso grande, y espero que puedan repetir la aventura mas veces.
Besosssssssssssssssssssssssssss

carla


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NotaPublicado: Jue Abr 28, 2005 10:07 pm 
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Registrado: Mar Feb 15, 2005 8:28 pm
Mensajes: 6
Ubicación: España
Hola marandarina, yo estuve en Sal entre finales febrero y principios de marzo, tienes mucha razon a la hora de describir el constante asalto de los vendedores deambulantes... pero por otra parte no comparto tu idea de describir a la isla de Sal como algo feo y agobiante, se que es tu punto de vista.
Hay zonas muy bonitas y muy tranquilas como Ponta Preta, su playa es creciosa, andando desde santa maria hasta ponta preta pasas sobre arena blanca y negra a la vez y agua turquesa y cristalina, tambien hay un pueblecito al norte de sal, muy pobre que tiene vistas muy bonitas. En fin siento que no lo pasarais tan bien en el último hotel y todo eso perjudico vuestra estancia en sal.
Yo desde luego volveré a Sal , aunque yo lo que busco es el viento para navegar en sus magnificas y bellas playas como shark bay y Ponta Preta.
Un abrazo!

carpe diem!


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NotaPublicado: Jue Abr 28, 2005 10:14 pm 
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Registrado: Vie Feb 11, 2005 12:54 am
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Ayer hizo un mes que volvimos y todavía no me he estresado ni una sola vez, se me ha contagiado la tranquilidad de Santo Antao y espero que sea para mucho tiempo. Cada vez que le cuento nuestro viaje a alguien es como si volviese a estar allí. La verdad es que la impresión que te llevas de un país depende mucho de la gente que encuentras, y no hace falta que os diga que los caboverdianos que encontramos en nuestro camino eran gente genial (entre ellos el taxista de Mindelo que convirtió nuestro día de tránsito en un día especial). Sé que algún día volveremos. ¡Besos!


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NotaPublicado: Mié Jun 15, 2005 11:01 am 
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Registrado: Mié Jun 08, 2005 1:43 pm
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Ubicación: España
Hola Marandarina, He terminado de leer tu "diario de abordo" ha sido de lo mejor para poderme hacer una idea de lo que me voy a encontrar. Nosotros somos 3, sabes si se pueden compartir las habitaciones? O si hay de 3 personas?. No te gustó Mindelo?. Tengo muchas ganas de ir a Mindelo, supongo que pasará como en todas las ciudades, pero bueno tengo ganas. Como tenemos 21 dias nos gustaria conocer alguna isla del "sur" Santiago , Fogo etc. No se, no se......
Muchas gracias, si tengo dudas te digo algo
Un besazo enorme!!!!!!

mente abierta


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NotaPublicado: Mié Jun 15, 2005 10:42 pm 
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Registrado: Vie Feb 11, 2005 12:54 am
Mensajes: 80
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Hola Julia, sé que en Tarrafal si ibas con niños te ponían una cama supletoria, pero no sé qué pasa con 3 adultos. Las casitas son dobles, pero si son de uso individual se paga la mitad, es decir que el precio es el mismo. En el resto de sitios ni idea, pero no creo que ser 3 sea muy problemático. Mindelo sí que me gustó, pero Santo Antao lo supera todo. Lo que pasa es que con tan poco tiempo estuvimos solo de paso, y no tuvimos demasiado tiempo para explorar (estuvimos menos de 24 horas). Cualquier duda pregunta! Besos!


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